Capítulo Tercero – Las Ficciones de Latinmelody
De las tres mujeres que trabajaban para Babydoll en la casa-oficina, Latinmelody fue aquella que me incumbía “trabajar” durante las primeras semanas de este trabajo de “traductor” hasta cuando ella, unos tres meses después, cesó súbitamente de asistir al lugar de trabajo, quizá por motivo de salud. Entiéndase que “trabajarla” era “acreditar”, entre los usuarios extranjeros, su ficción de mujer deseosa de matrimonio con extranjero, personificarla, aventajarla sobre las demás, hacer que sus ganancias estuviesen en continuo aumento, ya pidiendo “regalos” o seduciendo tantos hombres en el Chat cuantos pudiésemos seducir.
Yo no fui el que inventó que Latinmelody era una profesora de educación secundaria para niños. Cuando yo llegué a trabajar la primera vez a la casa-oficina, esta ficción ya estaba inventada, como aquella de que Eve era la contadora de un banco, o que Rubi era empleada laboralmente en asuntos ambientales: tres falsas profesiones que se pretextaban para prevenir que los extranjeros sospechasen que su asistencia a la “agencia de matrimonio” estaba motivada por la necesidad de ganar dinero. De estas tres falsedades, la de Rubi era acaso la menos inverosímil, pues supe que ella era aficionada a los temas ambientales; mientras que la de Eve era la más inverosímil: bastaba conocer su estatura, su talle y su pereza intelectual, para dificultar en que un banco la tuviese en su nómina de empleados.
De estas tres mujeres, Evelin era la menos añosa, aunque la menos agraciada: aquello de que carecía naturalmente parecía estar suplido artificialmente con los trucos de la fotografía digital y el maquillaje. Con ver sus fotos en su perfil, nadie sospecharía que su estatura era proporcional a su conducta: mediocres.
De estas tres, Rubi era la menos frívola, pero no bastaba para hacerme admirar: algunas de sus aficiones, como el “rock” y los cigarrillos la igualaban a la clase de personas de conducta predecible. Sin embargo, lo más reseñable y valioso de esta mujer treintañera era su respeto afectuoso hacia mí, obsequio del que Latinmelody y Evelin eran impotentes.
Quizá esta historia sobre las tres subalternas de Babydoll habría sido diferente si la mujer con la que yo había sido acompañado en mis inicios como “traductor” no hubiese sido Latinmelody: quizá yo no estaría narrando mi experiencia de once meses, sino una de tres semanas. ¿Quién podría congeniar con la insufrible Evelin sino otro tan frívolo como ella? En cuanto a Rubi, su aventura en la “agencia” bajo la dirección de Babydoll había sido tan breve, que, de haber sido yo su compañero asesor, habría quedado cesante cuando aquélla renunció a continuar trabajando con esta. Según Rubi me narró no circunstanciadamente, el altercado en que había incurrido con Babydoll, una tarde del mes de noviembre del 2008, y que derivó en su deserción de nuestro equipo, había estado motivado en el incumplimiento de parte de Babydoll en algo de lo pactado: ésta había prometido pagarle cierto dinero quincenal o mensual, que no le pagó, con la razón de que su Chat no era tan lucrativo como para cumplir la promesa de pago.
Yo podría conjeturar mucho sobre la cantidad de dinero que Babydoll pagaba a sus tres colaboradoras por las sesiones diarias de Chat (cada una de cuatro horas al menos), pero tengo por cierto que era una poquedad arbitraria adecuada a su ambición y tacañería. Yo sé bien que los comerciantes del porno Chat configuran sus páginas con “contadores” de tal manera, que cada uno de las modelos sepa que está ganando por cada minuto de trabajo; pero en esto del Chat de las agencias de matrimonio (Dating sites), el comercio de la falsedad puede ser mucho más lucrativo que el delicioso comercio del erotismo, porque sus dueños y administradores se cautelan de usar “contadores”, circunstancia que los aventaja para quedarse con la mayor parte de la ganancia. La causa del no uso de “contador” es obvia: mientras que los hombres usuarios del porno Chat saben que las modelos ganan dinero por cada minuto de sesión, los hombres usuarios del “Dating site” ignoran que las mujeres galanteadas reciben una compensación monetaria por las sesiones de Chat, habiendo sido acogidas y seleccionadas en la “agencia de matrimonio” mediante anuncios públicos en la sección de “ofertas de empleos” de cualquiera de esos periódicos mediocres de los que esta América folclórica abunda. Configurar la página del “Dating site” con un “contador” sería arriesgarse a ser descubiertos en su falsedad, porque éste valdría de evidencia en una eventual investigación policial.
Estos falsarios que dominan o administran estas empresas no solamente disimulan la intención real de proponer “mujeres solteras, desesperadas, desamadas” para que sean galanteadas mercenariamente, sino que además conspiran con ellas, cuando no las constriñen a que firmen una declaración falsa en la que aseveran que no reciben dinero por las sesiones de Chat. Soy testigo de la amenaza proferida por los administradores contra aquellas mujeres que no querían firmar la “declaración”. No fueron amenazadas con ser heridas ni muertas ni prisioneras, sino con retenerles el pago de sus sesiones de Chat.
No puedo aseverar, sin temor de error, que todas las mujeres que se prestaron a las sesiones de Chat habían consentido a firmar la “falsa declaración”, porque esta cautela se evidenció indisimuladamente en la época en que la madre putativa de Babydoll –S. H.- administró la “agencia de matrimonio” (desde los postreros días de diciembre del 2008 hasta los primeros días de junio del 2009). Se me ocurre como conjetura que, cuando yo empecé en agosto del 2008, las tres mujeres de Babydoll –Latimelody, Rubi y Evelin- habían ya sufrido la suscripción de la “falsa declaración”. Aunque mi conjetura estuviese desacertada –esto es, que ellas no hubiesen firmado esa “confección mendaz” antes de comenzar sus sesiones de Chat- no dudo que dos de ellas, Latinmelody y Evelin, estarían voluntariosas de mentir en un salón judicial, afirmando que no recibían pago por su asistencia a la casa-oficina, porque la correlación de estas dos con Babydoll era más de camaradería que de sumisión laboral. Excluyo a Rubi de esta posibilidad, pues, el hecho del que fui testigo, una tarde del mes de noviembre del 2008, en el que ésta discutió con Babydoll por un impago, me hace inferir la dificultad de que la primera pudiese favorecer a la segunda en un evento como el de un juicio.
Acabo de mencionar la camaradería de Latinmelody y Evelin con la arrendataria de la casa-oficina –Babydoll-, lo cual hace conveniente el que yo me dilate en este particular. La amistad y la camaradería son dos circunstancias relativas al trato personal que hay que distinguir muy bien. Me aventuro a conjeturar que la relación entre estas tres mujeres –Latinmelody, Evelin y Rubi- era amistad, pero aquella entre Babydoll y sus tres trabajadoras era camaradería, no siendo poca la desconfianza o recelo de éstas hacia aquélla. Nada amoroso era que Babydoll reprendiese a alguna de las tres, durante sus sesiones de Chat, por haber apagado la cámara (el video en directo era, para la agencia, más lucrativo que el tecleado), o por haberse levantado de la sesión y ausentado algunos minutos para ir al retrete a miccionar. Nada amoroso era tampoco que Babydoll fallase a Rubi en el cumplimiento de una paga prometida.
Este trío de amigas habían convenido con Babydoll en que el horario de Chat fuese de seis de la tarde a diez de la noche, que era el más conveniente al propósito de seducir hombres a consumir sus “créditos” en el engañoso galanteo, habiendo quizás ensayado otros horarios que habían resultado no tan lucrativos como los nocturnos. Una vez la sesión de Chat acababa, las tres mujeres no salían para sus respectivas casas, como ellas acreditaban falsamente en sus ficciones telemáticas, sino que se quedaban a dormir en la casa-oficina: Latinmelody y Evelin en un dormitorio del segundo piso; Rubi, solitaria, en uno del tercer piso. No puedo persuadirme a que esta cohabitación era una cortesía generosa de la arrendataria de la casa-oficina en consideración a que las familias de Latinmelody y Rubi habitaban en Guarne, un pueblo algo lejano de Medellín, sino que era parte de aquel acuerdo laboral secreto; esto es, que Latinmelody y Rubi podían quedarse en la casa-oficina como una compensación parcial por el trabajo que hacían en el Chat. Si Evelin también se quedaba a dormir allí, no era porque su familia habitaba lejos de Medellín, como era el caso de sus dos amigas, sino porque consentía a las exhortaciones de Latinmelody para que la acompañase. El día sábado parecía ser el día añorado por estas tres mujeres subalternas de Babydoll, porque podían regresar a sus respectivas casas, en las cuales holgarían hasta el lunes en la tarde, siendo la noche del lunes la primera sesión de Chat de la semana en la casa-oficina.
Me es necesario que particularice sobre Latinmelody, siendo este el capítulo sobre ella. Repito, pues, que, de no ser por esta, quizás mi empleo de “traductor” habría sido menos breve que los once meses que obré como tal, aunque su “actuación” se hubiese descontinuado por una hipotética enfermedad, temprano en el mes de noviembre del 2008. Latinmelody era algo agraciada, aunque no tanto que a primera vista fuese de admirar. Mirar a sus ojos verdes es una condición para percibir su gracia femenina, aunque su cabello contraste con ellos, pues, siendo crespo y negro, éste la iguala a una clase mayoritaria de mujeres que son encrespadas y pelinegras naturalmente. Lo que yo intento significar es que si la naturaleza del cabello de Latinmelody fuese lisa y de color rubio o castaño, habría que atribuirle una belleza excepcional, mayor de aquella que acabo de señalar comedidamente, aunque le faltaba prominencia en las mamas y altura en las piernas.
La primera vez que la encaré, sentados el uno al lado del otro, su conducta aventajó su realidad superficial; esto es, se me antojó simpática, aunque no hermosa. Después, durante las semanas que trabajé a su lado, esta circunstancia de la simpatía fue una constante, interrumpida muy pocas veces por algunas imprudencias e irrespetos de parte suya. No fueron pocas las veces que reímos de las incidencias de la “comedia” que actuábamos juntos: ciertos personajes, de aquellos que la galanteaban en el Chat, eran tan indignos de la juventud y de la gracia femenina de Latinmelody, que no podíamos evitar el burlarnos de ellos. Al referirme en general a ellos, se me facilita el recuerdo particular de un tal Michael, uno de sus más asiduos galanteadores, tan ridículo en apariencia como cualquiera de los miles de obesos calvos que supongo existentes en los Estados Unidos. El más añoso de ellos era quizás Dalmon (si no yerro en el pseudónimo), a quien podíamos bien atribuir, como edad, más de 70 años terrestres, y cuyo tema exclusivo en los chats era el erótico, el cual, siendo ineficiente para erotizar a Latinmelody, la hacía reír.