Capítulo Quinto – El Cambio de Administración en la “Agencia”
Entre noviembre del 2008 y junio del 2009, la “agencia” de Babydoll tuvo una crisis la cual pudo haber resultado en su final (quizás hoy no exista, o si existe aún, es bajo otro nombre). La súbita inasistencia de Latinmelody a la casa-oficina puede reputarse como el primer factor de esta crisis, porque ella era la segunda mujer más lucrativa, después de Babydoll. Con su ausencia, mi trabajo como “traductor” peligraba de cesar: ya no estaba Rubi, ni Latinmelody, sino la odiosa Evelin y una mujer que Babydoll había recientemente reclutado, que había nombrado Tropicalsun y que estaba “promocionando”. Días antes de que Latinmelody se ausentase de la casa-oficina, la hipócrita de Babydoll ya había cometido el primer error de una serie de errores cometidos conmigo, el cual fue asignarme como “traductor” de aquella mujerzuela nombrada Evelin, la costeña maluca, quien iba de mal en peor en el lucro del Chat. Ignoro el motivo de Babydoll para aventurarse en un cambio como aquel, pero es fácil conjeturar que, habiendo sido Latinmelody lucrativa conmigo, Babydoll esperaba que yo hiciese también prosperar a Evelin, lo cual era una imposibilidad tanto por la antipatía mutua de ella conmigo, como porque muchos de esos hombres extranjeros que habían sido embaucados por ella y por su “traductor” ya escarmentaban de corresponderle.
De no ser porque Evelin era la sobrina de una mujer que limpiaba la casa-oficina un par de veces a la semana, Babydoll habría hecho nada respecto al empeoramiento laboral de aquella. El último intento por detener la desgracia de Evelin parece haber sido el asignarme como “traductor” suyo, si bien puede considerarse como un intento anterior el haber Babydoll falseado un nuevo perfil de Eve (pseudónimo de Evelin), por el que pretendía “promoverla” ya no como una mujer de 21 años de edad, sino como una de 29. La citación de este hecho me es válida para probar tanto el dolo con que estas mujeres actuaban, como su imprudencia: es más de un incauto que de un prudente el innovar un catálogo ciberespacial de mujeres “núbiles” con el perfil de una mujer que ya era reconocida como EVE, y que, entonces, Babydoll pretendía presentar como un nuevo “ejemplar” con el pseudónimo de Aphrodite, con nuevas fotografías y con nuevas falsedades como la edad, 29 años. ¿No fue esto una mentecatería de Babydoll y de sus cómplices, tanto más cuanto no eliminaron el anterior perfil en el que Evelin es promovida como mujer de 21? ¡Qué tontería! Babydoll, Latinmelody y Eve esperaban que los extranjeros no identificasen a la Aphrodite de 29 años, con Eve de 21. Me es indubitable que las tres desarrollaron consensualmente el cambio, con la esperanza frustrada de seducir más hombres al Chat. Así que a las tres tengo que atribuir esta crasa imprudencia. El 10 de septiembre de 2009, cuando yo estaba escribiendo estas memorias, ambos perfiles de esta mujer, Eve-Aphrodite, permanecían en el catalogo ciberespacial de mujeres núbiles, como una prueba de la incuria con que estas personas trabajan la ficción fraudulenta.
Aun con la obviedad del engaño, había una poquedad de hombres extranjeros que, o estando ciegos, o siendo más mentecatos que las falseadoras, incurrían en la trampa de un Chat con Eve-Aphrodite, entre ellos, el soldadito al cual me referí anteriormente. Fue por este hombre que Eve-Aphrodite, la mujer con dos edades, tuvo que desistir de su frustrado empleo como “mujer núbil”. Como yo tengo narrado, el soldadito le enviaba dinero para que ella pagase una supuesta conexión de Internet domiciliaria, habiéndole enviado previamente un computador portátil. Eve-Aphrodite engañaba a Babydoll, manteniendo secretamente un Chat con el soldadito, por Hotmail en la casa-oficina, en el horario en que ella debía conseguir hombres para embaucar, y engañaba al donador del computador, intentando establecer un Chat mercenario con los hombres que pagaban a “russianlovematch”. En una noche de noviembre en la que, contra mi voluntad, yo me había sentado al lado de Eve-Aphrodite, para “trabajarla”, ocurrió el descubrimiento: el soldadito, que creía que su futura esposa había desertado de la compañía de “russianlovematch”, la descubrió en su frustrado intento de seducir otros incautos al Chat. Esa misma noche, Babydoll se enteró del engaño que Eve-Aphrodite le había desarrollado durante varias noches, con tal malograda interpretación del hecho y de sus antecedentes, que me achacó complicidad en el mismo, diciendo que no podía tener personas “deshonestas” en su grupo. ¡Bah! ¡Ridícula pretenciosa! Como si lo que ella, Babydoll, estaba haciendo con su “agencia de matrimonio” tuviese algo de “honesto”.
O este soldadito era muy valioso para Eve-Aphrodite, o esta desdeñable mujer ya desesperaba de ganar buen dinero con el Chat mercenario de “russianlovematch”: ignoro cuál de estas dos posibilidades la decidieron a renunciar al trabajo, al día siguiente del descubrimiento que acabo de citar. Con lo cual, habiendo desertado primero Latinmelody, y luego Eve-Aphrodite, no restaba a Babydoll sino su nueva adquisición, a quien ella había nombrado con el pseudónimo de Tropicalsun. Sweethmartha era una ganancia demasiado esporádica como para reputarse útil a la ambición de Babydoll, y, además, estaba casi fuera de su control. Fue principalmente por esta mujer, Sweethmartha, que yo seguía vinculado a la “agencia de matrimonio”, como aquel que se reunía cada semana con ella para su “traducción”, pero también por otro de los errores incursos por Babydoll: el haberme confiado la tarea de embaucar extranjeros en el Chat mediante la usurpación de “perfiles”. Ya no era sentarme al lado de una de sus subalternas: era personificar algunas de las mujeres que tenían “perfiles” en el catálogo de “mujeres núbiles” y que por cualquier causa como que los habían “abandonado”. La tarea era relativamente fácil, pues no tenía que asistir a la casa-oficina, aunque no estaba exento de la coacción que Babydoll había ejercido sobre los “traductores” para que le granjeasen buen lucro. Sin una conexión de Internet domiciliaria, personifiqué, desde un café Internet, de dos a cuatro horas diarias, durante dos o tres semanas, mujeres que no conocí personalmente, sino por sus fotografías y sus psudónimos: Sweetdiana1, Sweetdiana2, y Sweetyamile. El embaucamiento había de hacerse, como fácilmente puede ser inferido, con la cámara Web apagada. Los embaucados creían estar chateando con cualquiera de las tres, dos de ellos con tal incautela, que ordenaron “regalos” para Sweethdiana2. Para comprender el fraude de los “regalos” de estas “agencias”, remito al lector(a) más abajo, al capítulo donde me refiero a los “regalos” ordenados para Sandgom. Conjeturo que el dinero que estos hombres gastaron en tales “regalos” (flores, chocolates, peluche) puede haber sido superior a 200 dólares: 92% para los dueños de las “agencias” y 8% para mí.
Ignoro cuán usual son estas usurpaciones en estas “agencias”, pero no dificulto en que hay un consenso de complicidad entre aquella de Florida y la de Medellín, para incurrir en ellas. Esta presunción se me facilita al revisar las decenas de perfiles “abandonados” —mujeres que por cualquier causa dejaron de asistir a la “casa-oficina” — a los cuales se puede acceder sin licencia de ellas, pues las contraseñas son “bienes” exclusivos de la dueña y de la administradora de la “agencia”. Además, he leído mucho sobre usuarios que sospechan de estas usurpaciones por parte de las “agencias” rusas, que son también subalternas de aquella de la Florida.
En octubre de 2008, Babydoll comenzó a “promocionar” a Tropicalsun en el Chat. No dudo que el gran número de hombres embaucados en tal promoción eran los mismos que Babydoll tenía “engañados” para ella desde meses anteriores. Una vez Latinmelody y la odiosa Eve-Aphrodite cesaron de asistir a la casa-oficina, mis idas a ésta se enrarecieron hasta una vez cada quince días, para cobrar mi quincena por la tarea que hacía desde el café Internet y por mis “traducciones” con Sweethmartha.
Repito que, de no ser por Sweethmartha y por la tarea asignada de personificar mujeres, las deserciones de Latinmelody y Eve-Aphrodite quizás habrían resultado en mi cesantía laboral. Tropicalsun, la nueva adquisición de Babydoll, podía haber sido la siguiente mujer con quien “trabajar” en equipo en la casa-oficina, pero Babydoll se había hecho desde un principio su “traductora y asesora”, con el exclusivo fin de aprovechar los extranjeros que tenía embaucados, en una como transferencia de incautos de una a otra, porque Babydoll tenía planeado volver en diciembre a Estados Unidos y esposarse allá nuevamente con alguno de los tontos que habían derrochado dinero en esto del Chat fraudulento de “russianlovematch”.
No sé si es de loar o de reprochar que Babydoll se casase una enésima vez (quizás la tercera), porque ignoro si sus divorcios fueron motivados por alguna ambición monetaria o fueron consecuencia de desgracias recíprocas entre ella y sus hombres. Supongo que la cohabitación de un hombre con una mujer como esta ha de ser muy dificultosa si el hombre carece de pretensiones y supersticiones como aquellas con las que Babydoll está contaminada. Al emplear el vocablo de “pretensión” me refiero a que esta mujer se comporta como si estuviese persuadida de que ella es mejor que el resto de sus congéneres femeninos, como si no menstruase, como si estuviese eternamente exenta de laborar para alguien, como si pudiese pagar siempre para que le laven los platos en que come, o como si no tuviese que emplear alguna de sus manos para enmierdar un trozo de papel higiénico (acto que nos hace a todos semejantes). Al emplear el vocablo de “superstición”, me refiero a que, además de engreída, esta mujer manifiesta una credulidad respecto a invenciones paradójicas, como que una persona tenga “superpoderes mentales” y cuyos consejos, por lo tanto, puedan ser útiles para prevenir desventuras, o para conseguir “buena fortuna”. Babydoll, al parecer, no hacía algo sin haberlo consultado con no sé quién de “mentalmente superpoderoso”. Me imagino a esta ridícula absteniéndose de coitar con su esposo ciertos días de la semana o ciertas horas del día, por consejo o advertencia de su “consejero o consejera espiritual”. La imagino hablando de “chacras”, de “energías positivas”, de “energías negativas” y de otras muchas ridiculeces que, con aquellas de la religión, la deben hacer insoportable. Como ejemplo de su superstición, citaré que Babydoll hacía que sus tres subalternas, Latinmelody, Evelin y Rubi, quemasen barras de incienso durante las horas de Chat, con la pretensión de que estos combustibles aumentarían la cantidad de hombres embaucados a chatear.
Ignoro qué pacto ocurrió entre Babydoll, su madre putativa (S. H.), y su padre. Ignoro si aquella delegó en estos la administración de la “agencia” o si se la vendió; pero los hechos acontecidos entre diciembre del 2008 y junio del 2009 me hacen conjeturar más lo primero que lo segundo. Supongo que Babydoll partió para Estados Unidos, con la certeza de que la crisis había acabado para bien propio, que Tropicalsun le ganaría algún dinero en el Chat mientras S. H. reclutaba otras mujeres.
En enero del 2009, después de dos o tres semanas de yo estar laborando desde cafés Internet bajo los pseudónimos de Sweetdiana1, Sweetdiana2, y Sweetyamile, S. H. me requirió para que volviese a laborar en la casa-oficina. Esta mujer, a quien nombraré como S. H., para evitarle la tentación de demandarme penalmente por atentar contra “su buen nombre” (como si su nombre no fuese común, que debe haber miles de homónimas en Colombia), se presentaba como “asistente” de su esposo, el cual, a su vez, ella presentaba como el nuevo dueño de la “agencia”. Consecutivamente a esta presentación personal, S. H. exponía el plan de trabajo para los “traductores”, quienes se alternarían en dos turnos de 8 horas diarias cada uno, “traduciendo” simultáneamente a dos mujeres “núbiles”. La hora de trabajo sería pagado a cuatro mil pesos, más una comisión por lo que las mujeres ganasen con el Chat y los “regalos”.
La primera vez que me entrevisté con S. H., esta habló desvergonzadamente de su intención de establecer dos sedes de la “agencia”, en Bogotá y Cali, como si el suyo fuese un negocio honorable y exento de dudas en el que decenas de jóvenes desempleadas “laborarían” fácilmente a cambio de una comisión incierta. Este designio suyo de multiplicar la “agencia” fue alterándose con los meses en un desespero: si no lograba reclutar suficientemente jóvenes para la casa-oficina de Medellín, ¿qué podía aguardarse de las oficinas de Bogotá y de Cali, en el evento de que las instituyese? No fueron pocas las veces en que esta mujer, S. H., no ocultaba su desasosiego por su impotencia para conseguir jóvenes agraciadas. Su fantasía de tener la casa-oficina llena, día y noche, de más 30 empleados, entre “traductores” y “mujeres núbiles” fue degenerando en una como pesadilla en la que abundaban solamente los “resumes” de personas que querían trabajar como “traductores”. Los anuncios pagos en uno de los diarios mediocres de la ciudad y la repartición de volantes hacían, por una breve temporada, sonar el timbre del teléfono de la casa-oficina o menudear los correos electrónicos con los que las mujeres procuraban indagar la índole del trabajo o servicio ofrecido. La ventaja de los correos electrónicos, con respecto a los telefonazos, era que los remitentes adjuntaban sus fotos personales, lo cual posibilitaba a S. H. el descalificar de una vez aquellas mujeres de poca o ninguna belleza, o muy añosas. De aquellas que telefoneaban y concertaban una cita realizable en la casa-oficina, la mayoría era de apariencia inadecuada para emplearlas como “señuelos” en el Chat, porque había un tácito consenso entre nosotros de que la mujer gananciosa (aquella que ganaba lucro para la agencia) había de ser aniñada de rostro, de piel clara, delgada y de no poca estatura. No obstante esta discriminación, S. H. admitió a la compañía algunas mujeres cuya descripción, si yo las describiese, equivaldría a la antítesis de la “mujer gananciosa”. No sé si señalar esto como un acto de generosidad de parte de S. H. para con mujeres poco agraciadas; o como un acto de improvisación, por el que, habiendo S. H. desesperado de reclutar una pluralidad de mujeres bellas, creyó que una poquedad de lucro ganado por aquellas podían compensar lo que se había gastado hasta entonces en publicidad, equipos, etc.; o como parte de un plan con el que se había de disimular el verdadero fin del negocio (aquel de embaucar extranjeros), lo cual me parece más certificable que las dos conjeturas anteriores, considerada la circunstancia de aquellas declaraciones falsas video-grabadas a las que las mujeres era forzadas. Aunque un poco de todo lo anterior podía haber influenciado a S. H. en esto de admitir mujeres poco agraciadas a su compañía, pues quien examinase la conducta consuetudinaria de esta persona, hallaría una sorprendente plurivalencia: a veces era generosa, porque prestaba dinero a algunas de sus subalternas, para que estas costeasen el transporte desde sus casas hasta la casa-oficina, o compraba bebidas gaseosas y mecato para todos los que estábamos en el lugar; pero esta loable faceta como que se deslucía cuando ella se insolentaba, lo cual ocurría a veces a manera de broma, y, otras, a manera de defensa altanera; o cuando uno descubría que ella estaba mintiendo en algo, como cuando decía que su hija putativa, Babydoll, ya no tenía ninguna relación de dependencia con el negocio, afirmación que S. H. mantenía desde la primera vez que conversé con ella, y respecto a la cual yo podría citar muchos hechos acontecidos durante el semestre para desmentirla; pero baste, para comprensión de lo que yo asevero, el saber que esta Babydoll controlaba la “agencia”, desde Estados Unidos, de tal manera, que se atrevía a mandar a las “mujeres reclutadas por S. H.” consejos sobre la manera de coquetear ante la cámara Web. La coacción ejercida constantemente por S. H. para que nosotros, los “traductores”, aumentásemos el número de extranjeros embaucados, evidenciaba también que esta innoble mujer, Babydoll, participaba todavía del negocio. Lo peor de todo esto es que este engreído y supersticioso individuo femenino era quien decidía la “comisión” que había de pagarse a cada una de las mujeres que se prestaban a esto de fingir enamoramientos heterosexuales. Por lo que las “mujeres reclutadas” recibían en calidad de “comisión”, no es exagerado presumir que Babydoll, o sus cómplices en Florida, se apropiaban de una mayoría de las ganancias.
Si son dignos de reproche aquellos hombres incautos que se dejan embaucar con esto de los “Dating Sites”, no menos lo son aquellas mujeres, S. H. y Babydoll, por cuya imprudencia no pudieron hacer prosperar el plan de expandirse a otras ciudades de Colombia. ¿De qué otra palabra puedo valerme sino esta de “imprudencia”, para significar aquello que antecedió al plan consensual de S. H. y Babydoll respecto a lo que sería la “agencia” una vez Babydoll estuviese lejos en Estados Unidos? ¿A quién, sino a personas imprudentes, se ocurre que una casa puede ser el lugar para que más de 30 personas, entre hombres y mujeres, laboren sin otra supervisión que aquella de S. H.? Menos mal que la pretenciosa expectativa de S. H. de tener más de 30 personas laborando simultáneamente en la casa-oficina no prosperó, como tampoco aquella de establecer dos turnos diarios. A lo sumo, S. H. logró reunir no más de 15 personas, entre “traductores” y “mujeres núbiles”, cantidad que debió bastar para desengañarla de su porfía de que era innecesario tener una supervisión múltiple. La pérdida de cosméticos, así como de mecato, debieron de persuadirla poco a poco a que era inconveniente tener una muchedumbre en la casa-oficina sin al menos un portero que cuidase que nadie saliese de ella con algo que no le pertenecía.
Yo señalo la pérdida de estas bagatelas no como algo grave, sino como una evidencia de la imprudencia, la irreflexión y, en consecuencia, la improvisación de estas dos mujeres que codirigían el negocio de la “coquetería mercenaria”. Me pregunto si estas dos porfiadas no conferenciaron el plan con alguien que pudiese prever las dificultades que incidirían, como en efecto incidieron, en su ejecución. La primera vez que me entrevisté con S. H. intenté disuadirla tanto de su pretensión de adquirir nuevos computadores como de aquella de tener hasta 30 personas laborando simultáneamente en la casa-oficina. ¿Pero quién era yo para una mujer que, habiendo asistido tres, cinco o seis años a una universidad y logrado su título de abogada, se siente aventajada con respecto a un individuo que no ha hecho confesión de tener un título semejante? ¡Qué ridículo engreimiento el de todos aquellos que asisten a las universidades por una temporada, a lo máximo seis años, para conseguir un título con que envalentonarse o con que arrogarse el nombre de “doctores”, “ingenieros”, “profesionales”, “técnicos”! Aquella fanfarronería con la cual pronuncian “soy abogada”, “soy doctor”, “soy profesional”, “soy técnico” me resulta insufrible. Es como si, cada vez que hiciesen profesión de lo que obtuvieron en la universidad, procurasen significar que sus cagadas son menos hediondas que aquellas de los que no hacemos profesión de títulos.
En fin, no aprovechó el que yo advirtiese a S. H. la inconveniencia de adquirir nuevos computadores y aquella de llenar la casa-oficina con un personal que estaría mal supervisado. No me era difícil inferir que si Babydoll había conseguido mantener el “negocio” por uno o dos años, no había sido solamente por el lucro que mujeres como Latinmelody le habían ganado, sino porque ella, Babydoll, recibía una comisión directa, no intermediaria, por sus seis o más horas de chat diario. Resultaba, pues, pretencioso aumentar el número de computadores de tres a una docena, en una aventura en la que las mujeres “reclutadas” habían de contentarse con un pago arbitrario y, por lo tanto incierto. Lo prudente habría sido continuar con les tres computadores, aumentar su número según S. H. hallase mujeres lucrativas que se contentasen con el pago incierto, y, una vez examinadas las condiciones del nuevo “negocio”, considerar la multiplicación del mismo en otras ciudades. Pero lo más prudente habría sido establecer un pago cierto para las “mujeres núbiles”, un pago proporcional al lucro, no el desproporcionado del 2% o, a lo sumo, del 5%, que ellas pagaban. Un pago cierto y proporcional, habría quizás evitado la continuada deserción de aquellas que se aventuraron a prestarse como “mujeres núbiles” durante el semestre en que S. H. obró como administradora. Un pago cierto y proporcional habría probablemente ahorrado el dinero consumido en “avisos clasificados” y “volantes”, porque una mujer satisfecha con su “comisión” atraería fácilmente otras al “negocio de la coquetería mercenaria”. Mas, ¿qué prudencia se puede esperar de una mujer que, con ser “abogada”, reputa como ilegal el negocio de los SEX-CHATS, en tanto que tiene como muy legal el de la “coquetería mercenaria”? ¿Dónde cree que está, en Afganistán, en Irán, países en los que los odiosos dictadores reprimen directamente todo lo relativo al erotismo anticonceptivo? He acá la prueba de que un “título”, adquirido más por asistencia a una universidad que por estudio, no aventaja sino circunstancialmente, nunca esencialmente.
Yo podría referirme a tres personas en vez de dos, como lo he estado haciendo, como los directores de aquella deshonesta “agencia de matrimonio”, pero tengo por cierto que esta tercera persona, el padre de Baydoll (esposo de S. H.), fue otra persona de quien se hija abusó, mintiéndole o engañándole. Su participación parece haberse limitado al desembolso de dinero para la compra de los computadores y la instalación de una red de Internet mayor que la existente. Si señalo a Babydoll como una abusadora de su padre, es porque, aparentemente, no le advirtió que el negocio había de sostenerse con la ficción de las muchachas que se prestasen a la “coquetería mercenaria”, y no le enteró sobre el método empleado para repartir el lucro causado por el Chat. Es una lástima que este hombre haya resultado también perdiendo algo por la imprudencia de su hija y de su esposa, porque, de toda esa familia que estuvo vinculada al negocio, solamente a él yo excluyo de esa arrogancia colectiva (arrogancia mostrada inicialmente por Babydoll, después por S. H., y, finalmente, por la pretenciosa madre natural de Babydoll y su bigotudo esposo estadounidense), y solamente a él estoy agradecido por todo cuanto hacía por nosotros, como el transportarnos de la casa-oficina a la estación del metro, el respetarnos, el no coaccionarnos a granjear lucro mayor del que granjeábamos.
Es bueno que aquellas mujeres que acudían a la casa-oficina, para probar aventura laboral, o para conocer más sobre ésta, se desdeñaron de participar del juego propuesto o se indignaron de la paga que recibían. Solamente con indignación puedo suponer cuán mucho la arrogancia de estas dos mujeres (Babydoll y S. H.) hubiese aumentado si su imprudente designio hubiese prosperado. La una se creería “Madame yo no sé qué”, con soberbia suficiente para ordenar a sus subalternas sentarse y moverse ante la cámara Web de una manera determinada, como si estuviese supervisando prostitutas de lujo en vez de “mujeres núbiles”. La otra, se sentiría “la doctora legalidad”, con su patética confusión sobre lo qué es legal y qué es ilegal en este país, y con su pretensión de cohonestar todo cuanto de “reprochable” tenía el negocio que administraba.
Fue tal la improvisación de esta mujer S. H. respecto al negocio de la “coquetería mercenaria”, que algunos meses después de haber comenzado la administración, y no habiendo logrado reunir un grupo de mujeres todas hermosas que produjesen la ganancia esperada, infringió la promesa propia de que Latinmelody no volvería a trabajar en esa casa-oficina mientras ella estuviese de administradora.
Como tengo escrito, Latinmelody había desertado del “negocio” por alguna afección morbosa en el mes de noviembre del 2008. Según la narración de S. H., Latinmelody había exigido a Babydoll una compensación por los meses que había trabajado para ella en el Chat, y, como era de esperarse, aquella la denegó. Esta disensión entre Latinmelody y Babydoll había hecho que S. H. profiriese la promesa incumplida de que Latinmelody no volvería a trabajar allá.
El regreso de Latinmelody a la casa-oficina tampoco fue solución para la crisis. No sé si atribuir su fracaso al hecho de que su apariencia había cambiado quizás por la supuesta enfermedad, o la poca asiduidad con que se prestaba a las sesiones de Chat. Fue una aventura breve: esta mujer desistió a la cuarta o quinta vez, con lo cual, nunca más la volví a ver.
El pretencioso plan de Babydoll y de su hija putativa S. H. no era realizable por todo cuanto he citado anteriormente y que yo he denominado imprudencia. Pero lo peor que pueden haber cometido estas dos imprudentes es haber comisionado, en junio del 2009, a otra “arrogante” con la administración del “negocio”. Si la soberbia de Babydoll dependía del creerse la “reencarnación” de no sé qué personaje (acaso Cleopatra, o Venus), la de S. H. dependía de su título de “abogada”, la soberbia de la nueva administradora, una mujer tan escasa de estatura como de ingenio, parecía depender del hecho de haberse esposado a un gordo bigotudo de origen estadounidense, el cual, a su vez, mostraba la arrogancia de sentirse un maestro del idioma inglés.
Cuando esta mujer, de nombre Gloria, asumió la administración, seis mujeres aún porfiaban en las cámaras Web de la casa-oficina por ganarse cualquier cosa, así fuese la ciudadanía estadounidense. Era tal la antipatía que esta nueva administradora excitaba, que, a una o dos semanas de ella estar en la casa oficina, todas, excepto una, desertaron. La que quedó fue Sandgom, seudónimo de S. G., que yo había “promocionado” continuamente en el Chat desde el mes de enero de ese año, como consta en el capítulo siguiente.
El ambiente de la casa-oficina se había enrarecido tanto con el cambio de administración y con la deserción de las demás compañeras, que Sandgom había comenzado a remolonear en la coquetería del Chat: pretextaba cualquier cosa para comenzar las sesiones más tarde que lo usual, para irse a casa más temprano que las nueve de la noche, o para no dejarse ver en la cámara Web. Esta desmotivación de parte de Sandgom para trabajar fue parte para que algunos de los hombres extranjeros que habíamos anteriormente embaucado cesasen de chatear con nosotros, lo cual importaba como consecuencia una menor ganancia para ella y para la “agencia”. Al ser interrogada por la nueva administradora sobre el por qué de aquella disminución en el lucro, Sandgom, probablemente, me inculpaba con la causa, porque es tan quejosa como cualquier niña escolar que inculpa a sus compañeros en vez de reconocer la culpa propia. Peor que estos melindres de escolar, era el disimulo con que los actuaba: se había confabulado con la nueva administradora para apartarme con engaños del “negocio” por algunos días o por siempre. Aun con los antecedentes de ingratitud de parte de Latinmelody y de Sweethmartha, no se me había ocurrido que Sandgom pudiese cometer algo peor, porque no solamente era achacarme aquello de que ella era la causante, sino también el disimular conmigo como había disimulado con los extranjeros del Chat. Al yo descubrir esta deslealtad de parte de ella, no dudé en represaliarla con el comienzo de esta denuncia pública, con la esperanza de que sea útil para advertir a los incautos sobre las falsedades de las “agencias de matrimonio”.
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