Capítulo Séptimo – ¿Quiénes fueron los embaucados en nuestro Chat?
Bien recuerdo que el primer hombre de Sandgom en la “trampa” del Chat era un sexagenario de nombre Russell, quien nos fue asiduo solamente una semana. El motivo que él alegó para descontinuar el galanteo fue nuestra renuencia de enterarle de alguna cuenta de correo electrónico por la que él pudiese contactar gratuitamente a Sandgom. Los hombres que siguieron a Russell durante aquellos quince primeros días de aventura laboral fueron tan inconstantes como éste, excepto un tal Patrick, a quien el enamoramiento valió para continuar galanteando incautamente a Sandgom durante el tiempo que ella estuvo laborando como “mujer núbil”.
También recuerdo que la primera paga quincenal de Sandgom fue parte para que S. H. me amonestase la “necesidad” de aumentar el número de hombres “entrampados” en el Chat, con el pretexto de que era muy poco lo que Sandgom había ganado como comisión por las dos semanas de trabajo.
Por lo que yo había visto en Sandgom, dificultaba en la posibilidad de aumentar el número de incautos: no me era hermosa ni sexy, aunque sí un poco bonita, acaso por la piel clara y delicada que contrastaba con su cabello oscuro. Fue después de algunas semanas que la combinación de mi prosa y la exhibición de sus escotes alteraron tanto la paga quincenal que ella recibía como la mediocridad de los atributos referidos. No sé qué habría acontecido la primera vez que hice sesión con Sandgom si en vez de haber llegado con sus mamas voluminosas cubiertas, ella las hubiese exhibido total o parcialmente. Días después, mi tardío conocimiento de que estaba metamorfoseada con una mamoplastia en vez de deformada por los efectos de la lactancia comenzaba a contrastar la percepción inicial que yo había tenido de esta mujer: no era la madre desempleada que buscaba un padre para sus hijos, sino la mujer con una potencia erótica en vigencia, aquella que, aun con su mojigatería manifiesta, fantaseaba con penes. Lo que intento significar es que una mujer puede, con su manera de vestir, señalar que es orgásmica o anorgásmica. Hay otras de cuya apariencia, ya no solamente de su manera de vestir, podemos inferir que fueron nunca orgásmicas. El que yo me refiera a las anorgásmicas está motivado menos en un deseo de mofarme de ellas que en aquel de culparlas por su servilismo: son mujeres subordinadas a los hombres, los cuales las utilizan para engendrar la prole. El deducir que Sandgom no era de esta clase, que sus dos hijos habían sido antes accidentes que la consecuencia de una imposición machista, como que me congraciaban poco a poco a ella. Y todo esto con nada más que descubrir parcialmente sus mamas con escotes, para atraer más hombres a nuestro Chat, a la manera de Tropicalsun.
Me es difícil suponer que alguno de los muchos extranjeros embaucados no haya fantaseado más con una Sandgom orgásmica sexy que con una Sandgom empleada como madre. Y cuando me refiero a extranjeros embaucados, me acuerdo tanto del primer hombre, Russell, como uno de los últimos, Dave (un hombre con apariencia de asiático afeminado). Lo que Dave dijo la primera vez en nuestro chat podía, ya por su rareza erótica o por su extravagancia inopinada, haber avergonzado a una Sandgom pudibunda, o podía haberla hecho reír, pero la reacción de mi compañera fue una sucinta indicación, para que yo fingiese interés en el tema. Era Dave quizás uno de los más jóvenes de los embaucados (35 años) y se me ocurre que este tenía preferencia por las latinas, pues nos aseveraba que había correspondido con Tropicalsun, la cual, habiéndole pedido un computador portátil, empezó a eludirlo una vez recibido. Ignoro cuán verdadero era esto de Dave haber enviado un computador a Tropicalsun, pero que ofreciese a Sandgom algo semejante me inclina a tener la aseveración por cierta. No es que este Dave fuese un hombre dadivoso que está regalando aparatos a todas aquellas que corresponden con él en el Chat de “russianlovematch”, sino que el computador ofrecido participaba de un plan suyo por el que pretendía chatear gratuitamente con ellas en Messengers gratuitos, siendo su tema preferido aquel de la homosexualidad femenina. Sandgom no rechazó la oferta, pero tampoco consintió a recibirlo por lo pronto, pues nada se nos ocurría que pudiésemos posteriormente pretextar para no usarlo como él quería. Sandgom no era mujer que se desdeñase de regalos. Baste como prueba decir que Myron Curley fue aquel incauto extranjero que hizo que ella se perfumase con los mejores perfumes nunca antes adquiridos, y que vistiese la ropa interior más fina nunca antes vestida. Myron Curley está nacionalizado en Canadá, siendo inmigrante de Ucrania. De no ser por que cada hombre nos importaba una ganancia pecuniaria, aumentable cuando miraban a Sandgom por la cámara, ella posiblemente se habría desdeñado de Myron, por su edad, por su aspecto y por su erotismo. Un sexagenario puede ser intrascendental para una treintañera, excepto cuando aquel es el padre de esta. La frase trillada de que la edad no importa, común a todas las mujeres que laboraban con la coquetería de “russianlovematch”, es consecuente con la mentalización laboral de aquellas. Dificulto en que un amor heterosexual se actúe recíprocamente entre un sexagenario y una treintañera, a menos que aquel haya conservado su apariencia cuarentenal o esta se haya interesado en sus bienes no físicos: financieros o intelectuales. Dudo que las intenciones de Myron Curley hubiesen sido veleidosas, no obstante sus veleidades incidentales. Más de cinco meses de interacción verbalmente ciberespaciales con él me bastan para afirmar que Myron necesitaba, no solamente quería, hallar una mujer con quien emparejarse como esposo y esposa.
Puedo también aseverar, sin temor a errar, que Myron había sido uno de los hombres preciosos de Babydoll en un tiempo anterior al año 2009. Empleo esta adjetivación del vocablo precioso con aquel de hombre, para significar que los prolongados chats de este con aquella eran particularmente gananciosos. Es conjeturable que Babydoll haya amañado la vinculación de Myron con Tropicalsun antes de inmigrar a Estados Unidos, porque la primera fue “promotora” de la segunda durante las primeras semanas de coquetería de esta (octubre o noviembre del 2008). Myron Curley fue indudablemente tan precioso para Babydoll como para Tropicalsun y para Sandgom por nada más que su valor extrínseco; esto es, las ganancias rendidas por los costosos medios empleados por él para “chatear con ellas”. Después de que Babydoll y Tropicalsun cesaron de emplear el Chat de “russianlovematch”, sin una explicación para Myron Curley, una urgencia de suplir su ausencia con otra de las colombianas hubo de habérsele seguido. ¿Por qué Sandgom? ¿Qué le hizo decidirse por ella? ¿Eran las otras demasiado añosas o demasiado juveniles? Estas son incógnitas que quizás no podré absolver conjeturando. Lo cierto es que Myron fue dadivoso para con Sandgom: no solamente la beneficiaba inconscientemente con sus horas de Chat y de video diario, sino también con dádivas enviadas por correo. Ambos reciprocaron sus direcciones domiciliarias bajo mi anuencia, con la promesa de enviarse tarjetas postales. La primera tarjeta que Sandgom le envió contenía su número telefónico escrito. Las telefoneadas de Myron al teléfono móvil de esta se sucedieron varias veces hasta el día en que Sandgom perdió la diminuta máquina. Él no quería dejar de escucharla. Todo lo que ella podía construirle en inglés era un “I love you”, alternado con un “I miss you”, pero la voz de ella, en su esfuerzo comunicativo, era de por sí tan valiosa como hubiese sido en la prolijidad. Myron prometió mandarle dinero para que ella comprase otro celular. Uno de los regalos reales (irreales siendo los dos peluches y los chocolates, que se convirtieron en dinero) que Myron le envió por correo se extravió. Nuestro “galán” nos preguntaba, noche tras noche, si el paquete había llegado a destino. Nuestra respuesta fue invariable durante más de cuarenta y cinco días. El paquete, que contenía un CD de Julio Iglesias, entre otras cosas, no aparecía. Al fin, nosotros tres consentimos en que dicho envío se había extraviado. Algunos días antes de mi desvinculación de la “agencia”, Myron declaró haber enviado otro paquete a Sandgom, esta vez por correo “expreso”, con lo cual se aseguraba de que ella lo recibiría. El paquete había de contener perfumes, tanga, sostén y cosméticos de Victoria Secret para ella, y unas camisetas para su hijo. Sandgom, como una obsequiosa correspondencia, prometió mandarle una foto en la cual exhibiría su torso desnudo con el sostén dado. Ignoro cuán verdadera estaba ella al prometer tal foto. Supongo que, después de la promesa incumplida de enviarle una tanga suya usada, esta promesa de la foto había de ejecutarse necesariamente.
Es conjeturable que la esperanza de Myron de interactuar matrimonialmente con una extranjera es lo que lo mantenía en el sitio, no obstante su frustrada relación con precedentes colombianas y su sospecha sobre la motivación real de estas para estar en la “agencia” por horas. Myron Curley alternaba hábilmente la parte de galanteador con aquella de “comprador de complacencias eróticas”; hablaba de lunas de miel imaginadas en amenos lugares totalmente disímiles de lo trillado, de una potencial princesa que compartiría espacio doméstico con su gata y de la eternidad de un emparejamiento; todo esto sin prescindir del gozo derivado de la lectura de una historia moderna en la que Sandgom fantaseaba eróticamente con él y de promesas pertinentes al encuentro marital. Era a veces tal su erotización, que pedía atrevidamente la exposición de uno de los pezones de Sandgom, a lo cual ella no asentía.
¡Cuán brevemente se alteró la instancia inicial de Myron de que Sandgom viajase a Cuba para un encuentro entre ambos! A dos semanas de haberle estado negando la posibilidad del viaje a la isla, nuestro forastero engañado comenzó una instancia para que el deseado encuentro se efectuase en su país: Canadá. No fue fácil significarle que la imposibilidad de un viaje al exterior estaba determinada no solamente por una insuficiencia pecuniaria sino también por dificultades documentales. Durante algunas semanas, le fingimos que Sandgom estaba solicitando la VISA canadiense, lo cual parecía complacerle tanto que él ofreció pagar el costo del supuesto trámite. 200 dólares fue la apreciación que le hicimos sobre el posible costo.
Lo opuesto de Myron puede hallarse en Patrick, otro de los hombres que embaucamos en el Chat. Si Myron era dadivoso, Patrick era tacaño con la mujer galanteada, cualidad que puedo atribuir a otros muchos de los embaucados, pero que en este Patrick es bien reseñable, siendo este el hombre que Sandgom señalaba como el mejor de los candidatos para ser su esposo. ¿Por qué yo aludo a estos hombres como posibles esposos de una mujer que, como la mayoría de las mujeres de “russianlovematch”, fingían en el Chat para ganar una paga quincenal? La posibilidad de ganarse la ciudadanía estadounidense parece ser otro de los incentivos por los que estas mujeres se prestaban a esta aventura. Esta aseveración podía no parecer más que una ocurrencia mía, veleidosa y maliciosa, de no ser por lo que agregaré enseguida, y es que estas mujeres (excepto la astuta de Sweethmartha) se mofaban de la apariencia de sus “hombres”, pero cuando se percataban de la seriedad con que ellos las buscaban y de la pertinacia con que ellos hacían planes matrimoniales, comenzaban a considerar la posibilidad del matrimonio. Recuerdo a propósito a Willy, otro de nuestros embaucados de Estados Unidos, y alguna de las expresiones desdeñosas de Sandgom contra él: “¿Qué tal que en mi casa me viesen con ese negro?” Este desdén hacia un hombre de raza negra se convirtió sospechosamente en admiración, no sé si más por el “regalo” que Willy pagó para ella el día de su cumpleaños, que por la nobleza que mostraba en sus chats y sus correos. El “regalo” de Willy fue uno de esos costosos honores que los demás embaucados habían evitado quizás por economía, por imposibilidad adquisitiva o por prudencia. Es conjeturable que Willy esté aún creyendo que el ramo de rosas rojas ilusamente compradas y engañosamente vendidas fueron reales y que las manos blancas de Sandgom lo acariciaron deleitosamente hasta el marchitamiento. ¿Será este el medio por el que Willy conocerá que esas flores que él había imaginado jamás se realizaron en las manos de Sandgom, ni en ningún otro receptáculo mujeril? ¿Sabrá que ella recibió en dinero el 25% de lo que él pagó por las ilusivas flores, que yo gané una comisión del 10% y que el porcentaje mayor restante fue dividido entre la dueña de la “agencia” y los dueños “russianlovematch”? No fueron solamente las flores virtuales de Willy, sino también los “chocolates” de los ilusos de Brad y Myron (el canadiense, quien, además, adicionó un “muñeco” a los dulces), con los cuales creyeron probablemente que habían honrado a Sandgom en su cumpleaños. Todo lo que había sido originalmente un ideal honorífico en las personas que querían regalarla, se había convertido secreta y sistemáticamente en dinero para los beneficiados: Sandgom y los comerciantes de tales productos. ¡Qué fácil comercio! Los iconos de regalos expuestos en la página de “russianlovematch” no son productos desarrollados por manufactureros, ni por granjeros, ni por agricultores, sino por empresarios del virtualismo y de la falacia. Sus productos no son perecederos ni escasean tampoco: están allí invariables, engañosos, comprables y disponibles para quien quiera comenzar un “congraciamiento” o para quien quiera reforzarlo. Esto de los “regalos” es otra de esas ficciones a las que el “traductor” está coaccionado: era no solamente embaucar a los extranjeros a gastar créditos en el Chat, sino también hacer que ellos comprasen “algo” que “russianlovematch” ofrece como flores, chocolates, peluches, cursos de inglés, cadenas de oro, etc., pero que no es más que parte del fraude concertado entre las “agencias”. El incauto que compra las “flores” de “russianlovematch” para alguna de las mujeres de su catálogo virtual, está realmente cediendo su dinero a los dueños de “russianlovematch” y de otros sitios semejantes, pues estos, en vez de conseguir las “flores”, reparten el dinero de la “compra” de tal manera, que la mayor parte es para ellos, y el resto, un mínimo, para el “traductor” y la mujer galanteada. Lo mismo ocurre con los chocolates, peluches, cursos de inglés, cadenas de oro, etc.
El trato de Willy para con Sandgom era efectivamente respetuoso y honorario. Merecía que le reciprocásemos un trato especial, lo cual resultaba difícil por el número de hombres embaucados que coincidían en el Chat. Alternar un Chat simultáneo con más de cuatro hombres, a veces hasta seis, no es una facilidad laboral para un “traductor”, quién ha de sucintarse en preguntas antes que en comentarios, para mantener a sus “hombres” gastando créditos. Compadezco a este hombre de piel negra, porque habiendo sido frustrado por otras embaucadoras como la frívola Evelin, y una ucraniana, por la cual él viajó a Ucrania, la decepción de Sandgom debió ser su escarmiento. No me permito suponer que el sospechoso interés de Sandgom por este tal Willy estuviese motivado por algo más que la posibilidad de viajar a Estados Unidos y laborar allá por algunos años. De enero del 2009, mes en el que ella comenzó la aventura laboral, hasta mayo del mismo año, su necesidad de trabajar se había convertido impensablemente en una ambición ocasionada por la oferta de matrimonio de varios de estos hombres embaucados. Esto no es una mera conjetura mía, sino una verdad probada por alguna de las expresiones que como se le escapaban cuando ella estaba conmigo. Entre los incautos que estaban candidatizados como “medios” de conseguir la ciudadanía estadounidense había un tal Brad, de la misma edad y nación que Patrick, pero de mejor aspecto que éste, pues Patrick no era más que un obeso bien parecido. Aunque Brad pareciese sano y mejor parecido que Patrick, Sandgom prefería este a aquel, mientras que, en esa como escala de preferencias, el tercer candidato era un tal Kelly (de 38 años entonces, estadounidense), y Willy, el cuarto. Por fuera de estas candidaturas estaba un tal Alan (australiano, 40 años entonces, obeso), a quien engañamos con el sofisma de que Sandgom iría a Australia para visitarlo durante dos semanas. En junio, Alan había ofrecido a la “agencia” comprar los datos personales de Sandgom, para que esta continuase chateando por un “Messenger” gratuito, como Hotmail, pero Sandgom se valía de la misma patraña que usaba con otros hombres, para no aceptar la oferta: que si dejaba la “agencia”, no tendría “traductor” que le ayudase. Tampoco Martin (inglés, taxista) estaba en este selecto grupo de cuatro extranjeros que podían efectivamente esposarse a Sandgom; ni Don (55 años entonces, calvo, obeso), el cual fantaseaba con una esposa travestida con su ropa masculina y con sesiones de sadomasoquismo; ni Gary (más de 50 años entonces), el cual había viajado de Estados Unidos a Colombia varias veces; ni Thomas (más de 55 años entonces, artrítico, desempleado), el cual escribía sobre su esperanza de hallar un trabajo, con que costear una familia integrada por él, Sandgom y los hijos de ella; ni Charles (más de 60 años entonces, chef); ni Chris (alemán, más de 33 años entonces); ni Frank (más de 50 años entonces), el cual convivía con sus dos hijas y que alardeaba de haber comprado una fiesta de cumpleaños para su hija de quince en uno de los escenarios más famosos y costosos de Estados Unidos: el escenario de un canal de Televisión; ni Dave Miles Oman (canadiense, más de 55 años entonces); ni Clinton (más de 60 años entonces); ni Brian (vaquero, más de 40 años entonces), el cual chateó con nosotros más de siete horas continuas la primera vez que lo hizo; ni Lamar (estadounidense, habitante en Japón, más de 38 años entonces, de piel negra); ni Joe (más de 55 años entonces), el cual convalecía de la herida que Babydoll le había hecho con su engaño; ni Mike (más de 40 años entonces), que tenía las manos y los pies monstruosos y que era, quizás, el más feo de todos los galanteadores de Sandgom; ni Kevin (más de 45 años entonces, bigotudo, alto), quien había trabajado en Wall Street; ni Luke (más de 45 años entonces); ni Dave, alias Cantinflas por su bigote (más de 50 años entonces), oficial de policía, quien se golpeaba la cabeza con un martillo para mitigar sus dolores de cabeza; ni Daniel (canadiense, más de 40 años entonces), el cual escribía en francés; ni Jim (más de 50 años entonces), aficionado a las canciones de Lionel Richie; ni Michael, el profesor de artes marciales, a quien logramos engañarlo varios meses con la promesa de que Sandgom iría a Estados Unidos a visitarlo y le prodigábamos lisonja erótica para tenerlo gastando créditos en el Chat; ni Gustavo, latino habitante del estado de la Florida, que trabajaba en un concesionario de carros modernos; ni Todd, el incauto que ritualizaba coitos con cocaína; ni el español que se hacía nombrar Domenic; ni Scott, el incauto casi sordo, que se vale de audífonos para escuchar, que se domiciliaba solitariamente en la habitación de un motel y a quien engañamos con la promesa de que Sandgom iría a Estados Unidos a visitarlo (es de esos hombres que cualquier mujer evitaría: sucio [se baña solamente los sábados], tosco y psicópata); ni Dalmon (más de 55 años entonces, camionero); ni Tim, aquel que utilizaba el Chat de “russianlovematch” para masturbarse mientras correspondía con sus embaucadoras; ni Robert, otro de los que aprovechaba el Chat para su propia masturbación; ni Rodney, el microempresario que juega al golf; ni Rick, el vaquero de más de 55 años entonces, que fantasea con mujeres cincuentonas y tetudas; ni Sergio, el mexicano, presidente de una compañía en quiebra; ni Luigi, el italiano nacionalizado en Canadá.
De esos cuatro hombres candidatizados para “esposo temporal”, Patrick era el predilecto de Sandgom, quizás más por haber sido un asiduo galanteador que por lo que parecía, quizás más por compasión que por admiración, pues aquello que Patrick pretextaba como causa de su “búsqueda” era el mismo “libreto” que los demás hombres pretextaban (la infidelidad de sus mujeres), pero al que él agregaba capítulos dignos de conmiseración, como que la infidelidad de su esposa era el origen de una cierta enfermedad venérea por la que Patrick no podía coitar con otras mujeres sino estaba protegido por un condón.
La excelencia de Patrick estaba quizás determinada solamente por esa asiduidad con que buscaba a Sandgom en el Chat, de lunes a sábado, de 7 a 10 p. m., desde los primeros días en que ella había comenzado su aventura laboral, y aquella enojosa ingenuidad por la que ella podía engañarlo fácilmente: cualquiera que fuese la mentira inventada por ella, el hombre de los carrillos rosados no la cuestionaba.
Si lo que esta mujer, Sandgom, procuraba era solamente una oportunidad de trabajar en Estados Unidos, este Patrick era el candidato idóneo para ser utilizado como medio, pues por aquel estado morboso que se infiere de su sobrepeso, de sus achaques (dolores de cabeza y de espalda), no estaba este hombre para sobrevivir otros veinte años, más aun cuando él mismo se reputaba como “viejo” (44 años entonces), lo cual es “sintomático” de personas achacosas, de poca autoestima, que creen que necesitan adolecer de alguna cosa porque la “edad es una necesidad ineludible”. En cambio, Kelly, el hombre reseñable más por sus cualidades intelectuales que físicas, podía haber resultado a Sandgom un esposo imposible de desacompañar por enfermedad o por aniquilación, pues, por lo que él escribía, estaba entrenado para sobrevivir en las peores circunstancias que uno pueda suponer (por algo Kelly estaba aficionado a la literatura sobre “survivalism”). Además de esta potencia de sobre vivencia, otro inconveniente habría sido el manifiesto desgano de Kelly de continuar viviendo en Estados Unidos. ¿Dónde más podía habitar este hombre con una mujer que tenía a los Estados Unidos como un juego de casino en el que ella tendría que jugar a ser esposa por algún tiempo, trabajar otro tanto y volver a Colombia con algo de dinero ganado en esa aventura? Peor que esto, ¿podía una mujer acostumbrada al atavismo familiar, a las odiosas costumbres latinoamericanas, soportar la actividad intelectual de un hombre que prolijea más en temas especulativos (los nazis de Marte y de la luna, la vida subterránea, los extraterrestres) que en temas folclóricos?
Si esta mujer, Sandgom, tuviese que elegir esposo entre estos cuatro candidatos por las fantasías eróticas manifestadas en el Chat, el elegido habría sido Patrick, porque los otros tres apenas mencionaban el acto erótico del beso, mientras que aquel se atrevía a confesar que gozaba la fantasía del coito anal, o aquella del baño dorado de orina. Me pregunto si la ex esposa lo dejó por la imposibilidad de consentir a actos exquisitos como los que yo acabo de mencionar, lo cual implica cuestionar la razón alegada por él, que él la abandonó por infidelidad.
¿Puedo permitirme la imaginación de un Willy casado con Sandgom? Puedo hacerlo, con tal que hiciese depender este supuesto de otros eventos, como que Patrick Short se hubiese desgraciado de Sandgom, habiendo este conocido que ella le había ocultado durante meses esa múltiple relación con otros hombres en el Chat; que Brad, el segundo de la clase de los predilectos de Sandgom, también se hubiese desaficionado de ella; o que Sandgom hubiese concedido su exclusividad al primer hombre en llegar a Medellín, para encontrarla personalmente. Es curioso que, siendo Patrick Short el primero de los predilectos, Brad, el segundo, y Willy, el tercero, este último puede convertirse en el hombre que realice el ideal de Sandgom de habitar Estados Unidos de América como esposa de un estadounidense o, meramente, aquel de trabajar allá sin prioridad de matrimonio. Mientras estoy componiendo estas memorias (agosto de 2009), Willy podía haber venido a Medellín. La venida de cualquiera de nuestros embaucados acá, y su alojamiento en la “agencia” es una de las mayores ganancias para la “dueña” de la misma. Es el clímax de la espera para “ellas”, dueña y administradora de la “agencia” —Babydoll y Gloria—. Es lo último que “ellas” esperan de las mujeres, con preferencia a que estas hallen a sus parejas reales. Si ninguno de nuestros “hombres” había viajado anteriormente a Medellín, para encontrarse con Sandgom, era porque nosotros dos queríamos que Patrick Short fuese el primero en venir. Este nos había señalado agosto como el mes de su posible venida y, en consecuencia, nos habíamos esforzado secretamente en posponer otras anunciadas visitas de otros embaucados para después de aquella de Patrick. Las instancias de los “administradores” para que nosotros indujésemos a los extranjeros a hospedarse en la “casa-oficina” no cesaban: las de S. H. eran apremiantes; las de Gloria B. fueron condicionantes. La venida acá de cualquiera de nuestros embaucados, repito, es la mayor de las ganancias. Imagínense los visajes de felicidad de Babydoll, y de Gloria al hacer cuentas sobre los dólares logrados —aunque estos estén bien devaluados— con un servicio “hotelero de escasamente dos estrellas” impuesto al extranjero. Quizás estoy siendo demasiado eufemístico al calificar el servicio del lugar como “hotelero”. Si usted fuese uno de estos hombres que han sido embaucados a enamorarse por este ciberespacio, quisiese entrevistarse con la seductora y la entrevista estuviese condicionada al pago de 300 dólares estadounidenses diarios por servicios “hoteleros”, ¿supondría que le están ofreciendo un hotel de cinco estrellas, con una alimentación opípara? Si su respuesta es un “sí, supongo tal cosa”, desengáñese entonces, porque usted sería alojado en una casa de tres pisos, cuyo ambiente exterior se singulariza nocturnamente por olores de hierba quemada (muy usual en Ámsterdam) y por el ruido diurno de aviones en aterrizaje y en partida —el aeropuerto O. H. está muy cerca—. No se preocupe por otros olores particulares: usted probablemente se percatará raramente del aroma del desinfectante empleado por la mujer del aseo general, el cual es hecho dos o tres veces a la semana, y del perfume que usará pródigamente la mujer por quien usted ha condescendido a hacer tales cosas, perfume que quizás otro de sus hombres le había previamente enviado, habiendo subrepticiamente trasgredido la regla de no intercambiar direcciones personales por el Chat. En cuanto a delicias culinarias, dificulto en que puedan complacerle con estas. En vez de un chef que entienda de delicias reales, la “manager” de la “agencia” tratará de sorprenderle con algo regional, confeccionado principalmente con carne de pollo y cebolla, porque la mayoría de las mujeres de este país opinan que estos ingredientes son imprescindibles en “ocasiones especiales”, como el día de la madre, un cumpleaños, o la presencia de un forastero. La programación de los lugares a los cuales lo guiarán mientras esté en Medellín es tan predecible como el pollo y la cebolla, la cual incluirá necesariamente una ida acompañada a Santa Fe de Antioquia, villa cercana a la ciudad de Medellín, un tal “Pueblito Paisa”, que es la cima de un cerro urbanizado a semejanza de cualquier pueblo de Antioquia, donde cualquier baratija o bagatela se comercializa y un circuito por la ciudad con una vista de las personas más pobres de la misma, quienes suelen estacionarse al lado de los semáforos a vender artículos menudos, como gomas de mascar, confites, bolsas con agua, o frutas, cuando no están limosneando. Si usted se sometiese a este esperpento turístico por estos días de agosto en que estoy escribiendo estas memorias, su anfitriona sería una cincuentona pretensiosa, madre de la dueña de la “agencia”, arrendataria de la casa, quien, queriendo ser obsequiosa, lo empalagará con sus bromas desatinadas y sus dudosos reportes de pretéritos viajes, como esas tías desdeñadas a quienes uno nunca visita, para evitarse aburriciones. La casa, numerada 66-18, tiene dos puertas que salen al exterior, una de ellas es la del garaje, en la cual aparcan un carro blanco tan ridículo como la imaginación de transportarse en él. Sus acompañantes procurarán siempre que usted salga y entre por la puerta del garaje, porque esta está muy distante de la otra, la cual está frontera de un parque. La innobleza de este parque está integrada por hedores, desechos, incluso, algunas frescuras excrementales, ya de pájaros o de humanos. La mujer por quien viajaste a Medellín estará escoltada por un “traductor”, por la cincuentona en mención y por su marido. Así que no se esperance con la posibilidad de regalos eróticos reciprocados en privado con ella.
Si acierto con lo de la antelación de Willy y con lo de la preferencia al primer hombre que venga a Medellín por Sandgom, los demás hombres que han estado a la expectativa de ella extrañarán su ausencia súbita en los chats. Ella cobardeará para confesarles que alguien se les adelantó como espermatozoide en competencia de fecundación, o se abstendrá de la confesión por prudencia, sabiendo que podría volver a beneficiarse del Chat cuando ella sintiese la necesidad o la urgencia de hacerlo. O quizás ella continúe al servicio de la “agencia”, habiendo logrado engañar a Willy con los mismos sofismas empleados en su relación con Patrick: “Baby, estoy laborando en la agencia como asesora de las nuevas muchachas”, “Baby, no podemos chatear por otro medio porque necesito el traductor de la agencia”; “Baby, estoy estudiando Inglés acá con los traductores”; “Baby, si dejo la agencia, alguien más podría suplantarme en mi cuenta”.
Con la credulidad de Patrick, no es forzoso presumir que el engaño se perpetúe o que, al menos, se prolongue, mientras ella prueba a Willy. Dicha prueba podría extenderse temporalmente dos años, integrada por meses de reciprocación de correos electrónicos, cuando no telefonadas, y meses de cohabitación matrimonial con él. Ella pretextaría a Patrick la ocupación de un “nuevo trabajo”, para descontinuar su asistencia a la “agencia”, pero continuaría comunicándose con él, aunque menos frecuentemente, por medio del correo gratuito de “Hotmail”, como han estado haciendo desde marzo de 2009. En tales comunicaciones, se esmeraría en dejar escapar nada sobre su relación con Willy, cuanto menos le revelaría que está habitando Estados Unidos de América con uno de los hombres que competían ignorantemente por ella en nuestros chats; pero tampoco la palabra “fidelidad” dejaría de menudear en el contexto de esa lógica personal, sucinta e intrascendental que ella recita cada vez que se refiere al amor heterosexual, en la que asevera que tanto el hombre como la mujer han de ser fieles. No intento caracterizar Sandgom como una mujer imposiblemente fiel a un hombre, pero tres hechos me hacen dudar forzosamente en esa ventaja de la fidelidad ofrecida por ella. Estos hechos, en orden de sucesión, son:
El primero: dos de sus hombres más valiosos se desgraciaron de ella. Me refiero a aquellos que la preñaron, los padres de sus hijos seres nombrados como Juan y Sofía. De no haber sido valiosos para ella, la concepción no se habría sucedido, ni ninguna de las deliciosas exclusividades previas a esta.
El segundo: distingo una diferencia extensiva en las palabras Fidelidad y Lealtad, aquella puede ser referida como sinónimo de “exclusividad dual” en el amor heterosexual u homosexual, mientras que la “Lealtad” puede ser ejercida sin exclusivismo binario; pero ambos vocablos son potentes para denotar inequívocamente el vínculo de confianza que dos personas y más, respectivamente, han instituido con la amistad. Si el hecho de haber aventajado a Sandgom poco a poco, haciendo que sus ganancias pecuniarias derivadas del engaño del Chat aumentasen mensualmente, convirtiéndola en una de las más “populares” del sitio, no es un acto de lealtad mío para con ella, ¿no será tampoco deslealtad que ella haya permitido que nos separasen?
El tercero: ella persistió en ese engaño múltiple perpetrado consensualmente desde la “agencia”. Una muestra de lo que ella promete como “la mujer fiel” habría sido renunciar a este trabajo poco después de haberse prometido con Patrick, incluso si un compromiso marital no era la causa por la que se había vinculado a la “agencia”.
La incertidumbre de cuánto Patrick estaba dispuesto a dar —antes que la expectativa de cuánto estaba dispuesto a recibir— le imposibilitaba una voluntad de renuncia de los otros hombres. Según aprendí casi taciturnamente de ella, un hombre tacaño como uno infiel es contrario a sus ideales de pareja. El hecho de que Patrick no se hubiese responsabilizado de los costos de una posible emigración a Estados Unidos, tanto suyos como de los niños, la preocupaba tanto como la posibilidad de que aquel la descubriese chateando con otros hombres. La sospecha de tacañería procedía de estas dos irrealidades: que él la hubiese regalado con algo más que una tarjeta congratulatoria virtual —enviada a su cuenta de Hotmail para su cumpleaños— y que él se permitiese la visualización de ella por medio de la cámara, excepto raramente, cuando yo me inventaba jocosamente cualquier argucia, para que él la usase por algunos momentos; como, “oh, Sandgom acaba de caerse de su silla”; o, “Patrick, ¿ya notaste que sus pechos están asimétricos esta noche?” (Cada minuto de video cuesta un dólar). Si bien me parece que Sandgom es mujer que se basta para costear casi todo cuanto se promete, su mamoplastia y la manutención de sus hijos siendo ejemplos decisivos, la posibilidad de un Patrick tacaño es un factor especulativo que le restaba valor hasta igualarlo con los otros hombres que le seguían en esa como escala, Brad, Willie y Kelly, no porque la dadivosidad sea un hipotético requisito para que ella ame total y exclusivamente a un hombre, sino porque la parsimonia masculina como la imposibilidad de aprender inglés en menos de un año no facilitarían su emigración. Esta misma especulación sobre la tacañería, o, dicho diferentemente, sobre la parsimonia monetaria de Patrick, nos había hecho dificultar en la posibilidad de que Patrick viniese a Medellín con ese minúsculo artefacto precioso en el cual los hombres suelen delegar el sometimiento de la mujer pretendida. De todos nuestros embaucados, Dalmon había sido el único que mencionó su intención de emplear un anillo en el ritual de compromiso con Sandgom; pero no es difícil presumir que otros hombres harían lo mismo, como hicieron viajadores precedentes con Tropicalsun y Babydoll. Sería la ocasión para coleccionar anillos, como Sandgom solía decir.
En junio del 2009 yo fui súbitamente desvinculado del trabajo de “traductor” por nada sino por los melindres de Sandgom, la última mujer que aún se obstinaba en la aventura laboral después que las demás desertaron por la llegada de la nueva administradora. Sandgom había comenzado a remolonear, pretextando cualquier cosa para no aparecer en la cámara web, o para llegar tarde, o para salir temprano de la “casa-oficina”, lo cual resultó en una gran disminución del lucro ganado. Esta mujer, en vez de señalarse como la culpable de la pérdida de los “clientes” del Chat, me señalaba disimuladamente como el autor de la misma. Fue una semana después de esta inesperada desvinculación cuando yo descubrí que Sandgom continuaba en la aventura laboral de la “agencia matrimonial”, con un nuevo “traductor”, y que me había mentido con su aseveración de que no estaba yendo allá. ¡Cuán afrentoso me era el conocimiento de la verdad, tanto más porque yo la había descubierto, o porque las dos mujerzuelas –Sandgom y Gloria, la madre de Babydoll- se habían confabulado para mentirme! Como un desagravio, antes que escribir estas memorias y publicarlas, se me ocurrió que podía disuadir a Sandgom de continuar yendo a la “casa-oficina” si la amenazaba con revelar públicamente la verdad de lo que era la “agencia de matrimonio”. Para tal efecto, le mentí diciendo que la estaba espiando por medio de “keyloggers” y que podía utilizar sus chats como una prueba de su falsedad. La respuesta de Sandgom fue amenazarme con inventarse algo que podía emplear judicialmente contra mí.
El hecho de que tú, lector o lectora, estés leyendo estas memorias, es la prueba de mi inmunidad a las amenazas de Sandgom y de otras personas que pretendieron intimidaron para que no las publicase. Si esta mujer consiguió llegar a los Estados Unidos, como otras disimuladas que trabajaron en la “agencia”, si “la doctora legalidad” (S. H.) todavía yerra al tener por ilegal los SEX CHATS y por legal los DATING SITES, si la reencarnación de Cleopatra (Babydoll) ya se desaficionó de su enésimo marido y volvió a Colombia, o si sweethmartha está esposada con un “millonario” que busca tiquetes aéreos económicos y que se avergüenza de su obesidad, estas son incógnitas que yo quiero mantener. Si yo pudiera eliminar de mi memoria natural todo sobre estos disimuladores, lo haría ahora. La razón por la que dos hombres abandonaron a Sandgom, habiendo el uno engendrado un macho, y el otro una hembra, ambos con aquella, ha de ser la misma por la que yo ahora pretendo eliminarla de mi memoria, o quizás peor, porque, ¿qué puede motivar a un hombre abandonar a una mujer habiendo ésta recientemente parido un descendiente de los dos?
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