lunes, 26 de abril de 2010

CAPÍTULO SEXTO - EL INICIO DE SANDGOM


La primera vez que la vi, habría apostado cualquier cosa preciosa a que esta mujer no superaba una o dos semanas en la aventura laboral del Chat. Sandgom era bien diferente que Latinmelody y que Sweetmartha; esto es, no era menos que aquellas, pero había un no sé qué en ella, algo que me hacía desesperar de que tuviese el mismo éxito que aquellas dos. Ese algo estaba necesariamente relacionado con su apariencia. Quizás era por el hecho de ser todavía aún una parturienta (estaba solamente a seis meses de haber parido una niña). Sandgom había sido doblemente maternizada y este hecho podía haber alterado su juventud de tal manera, que su realidad superficial evidenciaba las dificultades de la preñez, y aquellas del post-parto, en la que la madre tiene que hacer alguna negligencia de sí misma por cuidar sus hijos.


Durante estos seis meses que colaboré con ella, nunca me propuse la duda de si un sobrepeso en ella había sido la causa del desencuentro inicial. Solamente ahora, cuando reviso sus fotos y comparo algunos datos cuantitativos suyos con los de otras mujeres, estoy para aceptar esa teoría del sobrepeso. Esta fue la primera sensación que tuve de Sandgom, algo así como un antojo con la leyenda de “Busco urgentemente hombre, que no mire en mí como el hombre que acaba de mirarme”. Con las horas, aprendí que era madre de un niño y de una niña; con los días, que era soltera; y con las semanas, que su propósito original al vincularse a la “agencia” no era la búsqueda de su pareja, sino devengar “bonificaciones” por Chat.


¡Qué desatino fue el mío entonces! De haber apostado, habría perdido la apuesta. El defecto de una fuerza admirativa de mi parte hacia Sandgom, la primera vez de nuestro encuentro, me invalidó para prever el éxito que lograríamos en los seis meses que colaboré con ella. Éxito medible en el aumento de sus pagas quincenales y en el número de nuestros “embaucados”: de quincenas de 150000 pesos Sandgom había trascendido a quincenas de 400000; y de la unicidad de un Russell a la pluralidad de más de cuatro decenas de hombres, entre aquellos que habían chateado con nosotros una sola vez y aquellos que habían sido asiduos durante meses, como Scott, Patrick Short, Myron Curley, y Alan.


Si, al principio, me hubiese preguntado reflexivamente en qué aventajaba Sandgom a las otras mujeres que habían renunciado recientemente a la aventura laboral de la “agencia”, me habría quedado sin una respuesta, a menos que me hubiese percatado temprano del par de mamas grandes que ella bien cubrió las primeras semanas. Es indudable que los tardíos escotes de Sandgom, empleados exclusivamente delante de la cámara WEB, fueron adoptados discretamente por ella a semejanza de aquellos que veía en Tropicalsun, quien trabajaba cerca del puesto nuestro, al alcance del brazo de Sandgom. Si alguien atribuyese exclusivamente el “éxito” de Sandgom y de Tropicalsun a sus escotes incentivos, estaría engañándose, pues muchos de los hombres del Chat prescinden del video por economía. Los escotes pueden haber sido un “factor” como la cualidad artificialmente agrandada de sus mamas. S. H. sabía esto y, consecuente con este conocimiento, había promovido los escotes entre sus otras subalternas, también como las pendientes, el maquillaje, la sonrisa permanente y el “nunca te recojas el cabello mientras estás en cámara”. De no ser por la suntuosidad de las mamoplastias, estás quizás también habrían participado de la uniformidad que se pretendía conferir al equipo de las “coquetas” de la “agencia”.



Es probable que S. H. haya querido inicialmente diferenciar los chats de coquetería de aquellos conocidos como “sex chats”. La probabilidad de tal voluntad se infiere tanto de sus tempranas amonestaciones como de sus opiniones expresas sobre estos, en las cuales, no solamente moralizaba sobre la inconveniencia de erotizarlos, sino también nos amenazaba con la expulsión de la “agencia” en caso de que los “aliados de Florida” se quejasen de que los estábamos erotizando. Amonestaciones como estas me resultaban pretenciosas y ridículas, sabiendo que tanto Babydoll como el “señor de Florida” escrupulizan poco o nada para valerse de cualquier medio para continuar enriqueciéndose, como las falsas declaraciones video-grabadas y suscritas, con las cuales condicionan la iniciación de las mujeres en la “agencia”. Si alguna de ellas se oponía a la realización de esa declaración video-grabada y suscrita, era amenazada con que no recibiría dinero.


La constante coacción ejercida contra mí, para que aumentase el número de hombres en el Chat me imposibilitaba una renuencia a la erotización verbal propuesta por los extranjeros. Lo mismo ocurría con los demás “traductores”. Con algunas excepciones, casi todas las mujeres que tuvieron sesiones de Chat en la “agencia” durante estos seis meses de Enero a Junio de 2009, fueron parte integrante de fantasías eróticas que los extranjeros iban construyendo y narrando según se les iba permitiendo. Los chats eróticos no eran un fenómeno excepcional sino cotidiano. Nos estaba implícitamente lícito por defecto de renovadas amonestaciones. Una cierta connivencia de parte de la novata administradora, S. H, respecto a estos, puede explicarse como resultado de su estado de desespero: las ganancias rendidas por los chats de su casi decena de mujeres no eran los esperados, como ella solía decir de manera quejumbrosa, y le era sobremanera difícil hallar otras que se sometiesen al experimento laboral. No es entonces forzoso atribuir a S. H. una connivencia con los chats eróticos, no obstante su gazmoñería y su temprana prohibición de no hacerlos, por no empeorar la economía de la “agencia” si los aboliese.


La tarea de un “traductor” en la “agencia”, como he dicho al principio de estas memorias, es la de congraciar tantos hombres como sean posibles con esa mujer que figura hermosamente en un catálogo virtual y, a veces, en la cámara WEB, desarrollando una parte intelectual alternativa a la suya. No estoy significando que nuestras mujeres de Medellín sean mentecatas, que tengamos que suplir su personalidad, sino que algunos factores, como la ignorancia del idioma inglés por parte de ella y la urgencia de alternar preguntas y respuestas simultáneamente con varios extranjeros en el chat, comporta la necesidad de sustituirlas intelectualmente o personificarlas. A la señal del “traductor”, ellas sonríen, se paran, posan, bailan, todo delante de la cámara. Es tal la confianza entre este y aquella, que la “personificación” es más frecuente que rara. Ellas se levantan de la sesión de Chat, van a la cocina o al cuarto de retrete, telefonean, y, a veces, salen de la “agencia” o llegan a esta, uno hora antes o una hora después del horario concertado, todo mientras la cámara está apagada y el “traductor” está haciendo la “personificación” de ella. Algunos de nuestros “embaucados” del Chat habían declarado su intención de viajar a Medellín para julio, agosto y septiembre del 2009. Para no descontinuar el engaño múltiple del Chat durante los días que el extranjero estuviese acá en Medellín, Sandgom había acordado conmigo que yo asumiese la “personificación” desde otro lugar que la “agencia”. Es obvio que estos chats habían de hacerse sin el concurso del video y que en caso de que los hombres preguntasen por el defecto de este, yo había de mentir diciendo que la cámara estaba averiada.


Ninguna de estas mujeres “personificadas” por sus “traductores” podrá negar, sin mentir, que conocían cuáles eran los temas de Chat peculiares a cada extranjero. Ninguna de ellas negará la complicidad entre aquellas y nosotros, ni las aprobaciones, las sugerencias o las desaprobaciones hechas a sus “traductores”. Por más “insolente” o “indecente” que un tema propuesto por nuestros “extranjeros engañados” hubiese resultado, Sandgom podía haber opuesto dificultad a que yo lo aceptase, lo cual no hizo. Recuerdo, no obstante, que a las dos semanas de haber comenzado nuestra aventura laboral conjunta, ella incurrió en una ridícula pudibundez al delatarme como infractor de la “prohibición de chats eróticos”; pero era tal nuestro propósito de ganar dinero que, ni la amonestación consecuente con la disimulada delación, ni la pudibundez inicial de Sandgom fueron bastantes para que los descontinuásemos.


Esto de permitir chats eróticos, para mantener a los incautos gastando sus “créditos”, no era una peculiaridad de la administración de S. H. Recuerdo que Babydoll gozaba indisimuladamente con ellos cuando “trabajaba” a Tropicalsun. Lo mismo ocurría con Latinmelody y Evelin. Sabíamos que algunos de ellos se masturbaban mientras digitaban sus fantasías, pero esto no estorbaba ni a Sandgom, ni a Eve, ni a Latinmelody, para permitirlos.


No dudo que la causa final de estos temas eróticos, por parte de los extranjeros, es establecer una afinidad heterosexual con la mujer “responsable”. Una mentalidad pudibunda hallada en el individuo en prueba puede resultar en una descalificación por parte del examinador. Ciertos convencionalismos, como la represión de la manifestación erótica, se enrarecen en medios como el ciberespacio porque los interlocutores están amparados en un casi anonimato y en una facilidad de evasión cuando el uno siente que ha ofendido al otro. No dudo tampoco que el amaneramiento erótico de otra parte de los hombres de los chats es meramente lúdico: aquellos que no quieren establecer esa afinidad personal, sino una diversión como de prostitución. Si bien es cierto que la mayoría del personal femenino vinculado a estos “sitios” no está para el emparejamiento falsamente prometido sino para devengar dinero por los chats, también lo es que no todos los hombres usuarios están para un contrato marital. Es fácil sospechar, incluso, que algunos de ellos pueden estar mintiendo en algo, mucho o todo de lo que presentan como real, en consideración de la accesibilidad del “sitio”, siendo el dinero el único requisito para acceder a este. Lo más sospechoso de los hombres usuarios es el dato relativo a sus edades. Es como si quisiesen rejuvenecerse por medio de una disminución numérica. Los hay de 45 años terrestres, aunque nosotros, fisonomistas empíricos, les atribuyamos 15 más por valoración fotográfica. Hay quien una vez teclea “eres la mujer más hermosa que he conocido y por esto me esposaré contigo”, pero al día siguiente profesa la misma fórmula a otra o más de las mujeres del “sitio”. La administradora de la “agencia” se atribuye una supuesta inquisición sobre los antecedentes de los estadounidenses que están por comprar los datos personales de alguna de las colombianas, pero ni ella ni nadie más verifican los datos empleados en los perfiles masculinos.